“¡Madre mía!”. Esa expresión salió de mi boca cuando vi cómo ejecutaba el córner el Burgos CF. Y volví a proferir la misma exclamación cuando segundos después el balón llegaba a Íñigo Córdoba. Solo, suelto, bien orientado, el jugador vasco recibió un dulce garrapiñado que le permitió empalar un chutazo. El golpeo, magistral, embocó la portería de Femenías, logrando un golazo por la escuadra. Era el minuto 84.
La Basílica, la vieja y atónita Romareda explotó. No pudo sostener el disgusto tras ese tremendo puñetazo recibido en el mentón de su dignidad y los nombres de Cordero y Ramírez fueron objeto de protesta. Era lo menos. Porque lo más era la vergüenza que el zaragocismo lleva soportando desde hace tantos años y por la que nadie rinde cuentas. Tampoco ayer.
El Real Zaragoza cayó derrotado, pero lo más grave es que las llamas del infierno ya están llamando a las puertas. Ni el aura de Cristian, el Divino, el jugador que la afición ama y venera y que ayer recibía un merecido aunque inoportuno y muy mal diseñado homenaje, pudo contrarrestar el desastre.
Miguel Ángel Ramírez, el entrenador que ha hecho de la desvergüenza y la falta de tacto su bandera, trató de encontrar el camino a la luz con algunas decisiones que afectaron a la alineación, al sistema y a la idea futbolística. Cambió de portero, Femenías por Poussin; modificó la defensa, apostando por un esquema aparentemente de cuatro; buscó una distribución parecida al rombo y la frescura arriba con Dani Gómez y Marí. Aparentemente, se lo curró. Ahora bien: ¿acertó?
Ese ramillete de propuestas permitió arrancar con cierta ligereza, pero muy pronto se cayó el edificio. El Burgos, que llegó con la tarjeta identificativa de equipo romo a domicilio y ubicado cerca del descenso, entendió mucho mejor el partido. Fue más peligroso, más atrevido, más confiado en su plan. Afortunadamente no tradujo sus ocasiones, varias, en gol. Sus delanteros erraron en los metros finales y eso salvó al Zaragoza de llegar al descanso con algún gol en contra.
El balón no circulaba con soltura hacia la portería de Cantero, porque la disposición de los jugadores blanquillos era inadecuada y sus decisiones, torpes. Jugar con esa estructura requiere de mucho trabajo y de mucha fe y el equipo del canario no ha tenido tiempo para lo primero y no dispone de lo segundo. Sólo la maestría de Aketxe podía proporcionar una alegría a los locales a través de sus lanzamientos de falta directa. Ello pudo darse en el minuto 26, pero su chut, endiablado, lo despejó con apuros Cantero a córner. Después, en el minuto 36, fue el larguero por su parte externa el que escupió el balón. No estaba de Dios.
Consecuencia de la ineptitud de unos y de la falta de acierto de otros, se llegó al descanso con 0-0. A la vuelta, ningún cambio. El Zaragoza siguió con ritmo cansino, aletargado. Muy preocupado con perder la posición, quizás porque nadie les ha explicado a estos chicos que el fútbol también es atrevimiento, valentía, decisión, voluntad de desafío. Enfrente, el Burgos tampoco apostaba por el choque, aunque la flaccidez de espíritu de los zaragocistas le empujaba, aunque no quisiera, a poner a prueba a Femenías.
Eso lo hizo Espiau en el minuto 50, con poca fortuna, es verdad. Pero ayer el trencilla, el infortunado Sánchez Villalobos se propuso robarle el protagonismo al único que ayer merecía ser el foco de la atención: Cristian. El colegiado andaluz interpretó, con aspavientos poco usuales en la actualidad, que la entrada de Dani Gómez a Florián Miguel. Desproporcionada la acción del jugador; desproporcionada la acción del árbitro.
El partido se rompió. Ramírez movió ficha y puso en el césped a Liso, Bazdar y Bare y quitó a Ares, Marí y Aketxe. También Ramis actuó. Puso más metralla en su equipo, buscando la victoria, algo que todos veíamos como posible. El partido entró en modo castellano. El Burgos se quedó el balón y acogotó al Zaragoza, que se defendía con apuros y evitaba una tras otra las ocasiones de los foranos.
Alguna gota inexplicable por parte de los aragoneses, como un cabezazo de López que se fue fuera, pero nada más. Bueno, sí: se dio un contraataque de Liso que le puso un buen balón a Bazdar, pero el bosnio vive días de desorientación y su chut, con cierto perfume favorable, se fue a la grava de las obras del estadio.
Era el Burgos el que contaba con más argumentos. No muy buenos, pero su superioridad daba para pensar en un posible gol victorioso. No lo lograron Córdoba ni Atienza gracias a su torpeza. Pero sí lo consiguió el primero en el minuto 86, cuando le rompió los pespuntes a la mítica red de la portería aragonesa tal y como hemos descrito antes.
De ahí hasta el final, la oscuridad. Incluso el entrenador se ocultó en el banquillo para evitar que la ira de la afición le salpicase. Mal detalle, míster. Esto habla más que los silencios y dice mucho más que sus frases más o menos brillantes, más o menos oscuras. U aunque esto, querido zaragocismo, pinta muy mal, me quiero quedar con el mensaje con que nos abrazó Cristina, con las palabras que nos regaló para transmitirnos una idea que nunca debemos abandonar: la de que en esto estamos todos juntos. Hagamos honor a su mensaje.
Real Zaragoza:
Femenías; I. Calero, Lluís López, Vital, Tasende; Arriaga, Francho (Pau Sans, 86′), Adu Ares (Keidi, 59′), Aketxe (Liso, 59′); Dani Gómez, A. Marí (Samed, 59′).
Burgos CF:
Cantero. Arroyo, Aitor Córdoba, Grego, Florian (Iñigo Córdoba, 68′); Atienza, Quintanilla (Marcelo, 59′); Curro (Borja, 82′), Ojeda (Elady, 59′), Álex, Edu Espiau.
Goles:
0-1 min.84 Iñigo Córdoba.
Árbitro: Jon Ander González Esteban (comité vasco). Amarilla a Vital (45’), Clemente (51’), Marí 90+5’) por el Real Zaragoza y a Carlos Fernández (39’), Iza (90+2’), Brian (90+4 y en el banquillo) para el Cádiz. Expulsó a Tasende por doble amarilla (14’ y 87’
Incidencias:
Partido de la Jornada 27 de LaLiga Hypermotion 2024-25 disputado en la Romareda, con 22.000 espectadores.
Femenías: 3. Correcto en sus intervenciones.
Calero: 1. Superado en defensa y escaso en ataque.
Vital: 1. Fuera de lugar y lento en sus acciones.
López: 2. Cumplió con aplicación.
Tasende: 1. No encontró su sitio. Impreciso, erró demasiado.
Arriaga: 2. Bien al corte pero muy retrasado.
Ares: 1. Los conceptos no le acompañaron. Confundido y estéril.
Aketxe: 2. Lo mejor, sus dos disparos de falta. No conectó con los espacios.
Francho: 4. El mejor. Luchó, buscó soluciones y halló caminos.
Marí: 1. No aportó prácticamente nada.
Gómez: 1. Su acción, pueril. Trabajó pero no leyó bien.
Liso: 2. Activó los engranajes del ataque. Le falta alegría.
Bare: 1. Pasivo y algo embrollado.
Bazdar: 1. Embotau con el mundo.
Pau: S. C.
por arrúa 10 (Real Zaragoza, Aire Azul)
@japbello