CE Europa, 0 - Real Zaragoza, 1
En estado de Gràcia
El zaragocismo ha recogido el sombrero que se quitó ayer Ibai Gómez ante el trabajo de sus chavales y lo guarda en el armario de la esperanza. La victoria ante el histórico equipo catalán tiene un alto valor, tanto en la clasificación como en el universo anímico. Esta categoría no perdona, no es amable con nadie (que se lo pregunten al Murcia) y no regala ni medio vaso de agua aunque lo suplique Simón del desierto.
El entrenador blanquillo optó por una alineación altamente novedosa. Ander, Saidu, Pereira y Sangalli le dieron luz nueva a la pizarra. Pretendía con ello romperle los esquemas al Europa, que se armó según se sabía de antemano con una línea de tres centrales y una generosidad malsana. Le dio el balón a los tomates, seguro de su fortaleza defensiva y confiando en que el colíder se enredase en la maraña local. Y lo consiguió.
El centro del campo era un campo de minas en el que el Zaragoza se atascó. El balón no corría, bien por la imperfección del terreno de juego, bien por la opacidad en la elaboración. No había forma de penetrar, de combinar, de romper la alambrada de los escapulats. El ritmo era lento y la presencia de Herrera no fue suficiente para deshilachar el entramado del Europa.
Ayer se pudo comprobar que en este equipo Ademo es muy importante. Su ausencia llevó a Ibai a contar con Ander y Saidu y a prescindir de Rubén. La decisión se demostró fallida. El ghanés no encontró su lugar en ningún momento y Ander dio la sensación de ralentizar el juego, contribuyendo así a desnaturalizar el espíritu de este equipo. Además, se pudo apreciar que su sombra oculta el talento de Lucas, algo que multiplicó la escasez de ideas de los de Ibai. Para completar la mala primera parte, ni Ureña ni Jardí lograron romper nunca la línea defensiva del Europa, muy cerrada y poblada. Otro obstáculo para que Espiau pudiera aportar ni medio gramo de amenaza.
El Europa se sintió muy cómodo con este planteamiento. Con esfuerzo, pundonor y constantes ayudas maniató al Zaragoza y cuando pudo (que fue en dos o tres ocasiones), lo asustó con balones largos y llegadas de peligro. Su falta de finura rematadora evitó que se llegase al descanso con algún gol a su favor.
La segunda parte comenzó con la misma grisura en el horizonte. Tan solo diez minutos tardó Ibai en mover el banco. Retiró a Saidu y Ureña e introdujo al agitador Pau Sans y a Rubén, ese jugador que “nos cose el juego”, en palabras del míster. El paisaje varió. El equipo se hizo más puntiagudo, el balón comenzó a mirar al área rival y el Europa redujo su confianza al ver que aquello era otra cosa. A ello se sumó poco después la entrada de Joaquín.
En pocos minutos los delanteros rojillos dispusieron de dos buenas ocasiones. La primera, de Espiau, quien recibió un perfecto pase de Rubén Díez y se plantó ante Nil Ruiz. Su toque, sutil, lo rechazó el portero barcelonés. Poco después, una jugada gemela habilitó a Joaquín, que también se enfrentó al portero en un mano a mano. Su remate, delicado, de nuevo fue rechazado por el arquero. Dos momentos que indicaban que el partido ya no era ese tedioso escenario de pases insustanciales. Ahora se estaba empezando a jugar al fútbol. La pregunta era si habría tiempo y la respuesta llegó a la salida de un córner muy bien botado por Rubén que remató Diego de cabeza. La fortuna, seguramente la de los campeones, hizo que el balón rebotase en la espalda del legendario Cano y entrase casi llorando en la portería local.
El gol se celebró como todos los que se logran esta temporada: con rabia, con pasión, con entusiasmo desbordado. No era para menos. Quedaba poco tiempo y una victoria en Can Dragó significaba mucho, muchísimo. Para ello, hacía falta defender con el alma lo conseguido y se hizo bien. Cuenca y Tobajas completaron los cinco cambios y contribuyeron durante ese tramo final a sostener al equipo. Al final, se llegó a la orilla de la victoria y el equipo aragonés recuperó su condición de líder. La mejor noticia para afrontar los dos durísimos partidos que se vienen ante el Villarreal “B” y la SD Huesca. Llegan tiempos salvajes.
FICHA TÉCNICA
CE EUROPA: Nil Ruiz; Coto (Expósito, 86'), Álex Cano, Sgrò, Campeny, Padillo (Tolosa, 78'); Morales (Cadenas, 86'), Gori; Teto Martín (Mascaró, 62'), Khalid (Youssef, 78'), Flavio.
Entrenador: Luis Blanco.
REAL ZARAGOZA: Westerveld; Sangalli, Rubo Iranzo, Diego González, Pereira (Tobajas, 78'); Saidu (Rubén Díez, 56'), Ander Herrera (Joaquín Delgado, 65'), Lucas Terrer; Jardí (Cuenca, 78'), Edu Espiau, Ureña (Pau Sans, 56').
Entrenador: Ibai Gómez
Goles: 0-1 (80'): Álex Cano, en propia puerta.
Árbitro: José Ortega Herrera (Comité Valenciano).
Tarjetas y amonestaciones
Tarjetas amarillas:
CE Europa: Tolosa (94')
Real Zaragoza: Lucas Terrer (73'), Tobajas (92')
CALIFICACIONES
Westerveld: 2. Correcto, con poco trabajo.
Sangalli: 2. Ocupó muchos sitios, Bien en defensa.
Rubo: 2. Cumplió. Aplicado.
Diego González: 4. De nuevo gran trabajo. Exacto en sus acciones. Goleó.
Pereira: 2. No ajustó su aportación.
Saidu: 1. Desubicado. Pobre presencia.
Lucas Terrer: 1. No encontró luz.
Ander Herrera: 2. Lento y demasiado horizontal.
Jardí: 1. Oscurecido. Jugó muy arrinconado.
Espiau: 2. No le llegaron balones. Muy controlado. Tuvo una muy buena.
Ureña: 1. Ausente en los momentos y lugares de peligro.
Rubén Díez: 4. Su presencia activó al equipo. Fundamental.
Pau Sans: 3. Activó el ataque.
Joaquín: 2. Estuvo activo y trabajó. Tuvo una muy buena.
Cuenca: S. C.
Tobajas: S. C.
por arrúa 10 (Real Zaragoza, Aire Azul)
@japbello