Cada tres, traspiés | La Lupa

Real Zaragoza 0 – 1 Levante

Por alguna extraña razón, el Real Zaragoza presenta una extraña cadencia en sus resultados. Cada tres partidos, derrota. También fuera de esta secuencia ha habido alguna. Cada partido es un mundo y por una u otra razón, no se llega a alcanzar una regularidad en los resultados, no se llega definitivamente a ese punto de calma al que la esperanza quiere agarrarse.

Nadie dijo que fuera fácil el camino de la reconstrucción, ese proceso de recuperación deportiva en el que el equipo se ve inmerso desde hace relativamente poco tiempo. A veces, y es meritorio, se barruntan hechuras de gran equipo, dejando en la parroquia dulces sensaciones olvidadas. Pero no sucede con regularidad. Tampoco cabe hablar de espejismos. La plantilla tiene una calidad aceptable para la Primera división y el espíritu competitivo, aún con altibajos, ahí está.

A pesar de haber demostrado en ocasiones esa capacidad, las cosas no siempre salen bien. Existe mucha igualdad en la liga y en el contexto de un partido cualquiera, factores puntuales que podrían subsanarse con un plus de esfuerzo, resultan grandes losas difíciles de mover. Una decisión arbitral errónea puede inclinar perfectamente la balanza, como se ha visto en multitud de ocasiones en la Historia del fútbol. Aunque la culpa no siempre es de los mismos.

Hace poco escuché a alguien decir una frase en un discurso dentro de un contexto de conflictividad en las aulas, una frase que me llamó la atención: “Aunque los sicólogos nos lo quieran edulcorar cambiándole el nombre por el de conflicto, lo cierto es que el mal existe”. El discurso, alejado del tópico del buenrrollismo, hacía hincapié en el viejo debate entre si el hombre es bueno por naturaleza o realmente el hombre es un lobo para el hombre. Rousseau contra Hobbes. En fin, que todo esto venía por el codazo de David Navarro a Sapunaru., cuyas imágenes ya han dado la vuelta al mundo ¿Hasta que punto se puede consentir que cosas así sucedan en el campo? ¿Hasta que punto se puede permitir a este animal reincidente a seguir saltando a un campo de juego?¿Se le puede disculpar? …”no, es que el fútbol, es que van a mil”, “Es que es un deporte de contacto, es que tal y cual…¿Cómo veríamos estas cosas en otros contextos, en otros oficios? Imagino, por ejemplo, una oposición, con un opositor aplastando a escondidas la mano del de al lado, y la gente de alrededor pensando: “Es que es una oposición, y claro, cada uno usa las armas que puede”. La realidad es lo que es. No se puede disimular. El rostro de Navarro en la foto lo dice todo. El codazo fue premeditado, trabajado y ejecutado con plena consciencia. Una acción así fuera de un campo de fútbol pueden ser dos meses de prisión. Curioso, ¿no?.

Volviendo al partido, a esta adversidad injusta, se le añadió otra, esta de toda justicia: un error defensivo de falta de entendimiento puso en bandeja el absurdo gol del rival. Nadie falló y todos fallaron. A remontar…Había mucho tiempo por delante, pero fue inútil. La primera parte salieron con una empanada que impidió desarrollar un juego mínimo. Durante la segunda parte el tono subió una marcha, pero aún así fue insuficiente. El Levante, entre oficio y marrullerías varias, ralentizó el partido, y a pesar del cerco al área, nada se sacó. Otra derrota en casa. No hay manera fácil de enlazar una serie de partidos que nos alejen del nerviosismo de forma definitiva. Es bueno alegrarse cuando hay victorias, pero partidos como el de hoy nos recuerdan que hay abajo hay un pozo y que el objetivo primordial sigue siendo alejarse de él.

Por Ron Peter

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