Lo dijo Rubén Sellés. Lo dijo Keidi Bare. Lo dijo la luna de Málaga. El Real Zaragoza demostró ayer que es un equipo que tiene una idea global y un plan para cada situación. Si jugamos mal y el contrario nos domina sabemos que llegará nuestro momento. Y con algo de fortuna le daremos forma a un intangible que se llama carácter, lo que nos llevará a un puerto en el que cobijarnos.
Ayer el equipo aragonés jugó un partido de varios formatos. Un choque en el que se pudo llegar al final con algo más que el punto conquistado en el último minuto y de penalty. Porque los chicos quieren e incluso pueden pero, sobre todo, porque en el banquillo hay un tipo que podrá acertar o errar, pero es entrenador. Y ayer se demostró.
Después de tres victorias consecutivas el optimista irredento ya huele la victoria ante cualquiera. Es natural. Hasta humano. También es natural plantar los pies en el suelo y considerar que este punto tiene un valor diamantino por haberse logrado en un campo tan complicado como La Rosaleda. En cualquier caso, buenas noticias.
La alineación ya huele a cantinela. Ni una sola variación, lo que invita a la coherencia. Además pudimos reconocer los mecanismos cada vez mejor engrasados que dispone el míster, algo a lo que estamos desacostumbrados, tan miserable es nuestra vida de supporter blanquillo. Y en esa arquitectura comienzan a sobresalir nombres que nos ayudan a sonreir. Si en jornadas anteriores la estrella fue Francho o Andrada, ayer el brillo le correspondió a Keidi Bare. De él se había hablado mucho y bien. El mismo Víctor Fernández dijo, en marzo de 2020, cuando jugaba en el Málaga, que era uno de los mejores pivotes defensivos de la categoría. En el Espanyol lo confirmó y ayer, después de año y medio, lo corroboró.
Pero todo esto no fue suficiente durante los primeros treinta minutos. Aunque el choque comenzó navegando en un equilibrio un tanto sorprendente, el Málaga en seguida se hizo con el gobierno de las olas. Y eso que el Zaragoza provocó a su contrario con unas maniobras muy interesantes y arriesgadas al mismo tiempo cuando se trataba de jugar el balón desde atrás. Con Andrada en formato Víctor Valdés y Keidi haciendo de Busquets… Bueno, no tanto, pero algo de eso había. La idea era alargar al equipo y conectar con los de arriba a base de triangulaciones nada sospechosas.
Enfrente, sin embargo, había un Málaga de cinco o hasta seis marchas. Si a eso le sumamos que encontró muy pronto la forma de robarle el balón al atrevido Zaragoza, comprenderemos que las galopadas de Joaquín y Larrubia y las rupturas de Niño fuesen argumentos más que contundentes que acabaron por desnutrir al equpo de Sellés. El peligro llegaba por pérdidas en zonas comprometidas y escaso volumen en velocidad para contrarrestar a las gacelas del sur. Y ahí llegó el gol del Málaga. Una falta lateral la despejó Andrada de puños para que el balón le cayese a Merino. Su chut, torcido, le golpeó a Galilea y casi sin querer acabó en la red del Zaragoza. ¡Vaya gol!
La bofetada cursó recibo y el Zaragoza, poco a poco, fue ampliando su foco de acción y comenzó a minimizar errores. La conexión de Francho con Agirregabiria se pareció, poco a poco, a lo visto en jornadas anteriores. Por ahí comenzó a llegar la luz a la cueva de Alfonso. Sin concretar, pero perfumando el área malacitana con incursiones que muy pronto alimentó también Valery. Sus combates con Puga fueron casi siempre victoriosos, lo que alentó la idea de que algo podría ocurrir tras el descanso. Pudo suceder que Kodro rematase a gol, pero su chut salió desviado tras centro del mencionado Valery. Y pudo suceder que Francho centrase bien un pase de la muerte, pero la línea la interceptó el portero local.
La segunda parte fue otro paisaje. La conversación con Sellé dio frutos y muy pronto se vio a un Zaragoza más chispeante, conectado y construido. Las ocasiones de Soberón y Guti anunciaron la llegada del fútbol consistente, el que identifica a un requipo aún colista pero con varios billetes para llegar a las llanuras alejadas de los acantilados del descenso. Para contribuir a ello, Sellés puso en el campo a Tachi por Rado y a punto estuvo de convertirse en testigo de cargo del segundo gol andaluz, pero el pecho de Andrada eevitó que el misil de Niño llegase a su objetivo.
Los del Ebro aumentaron su presencia en campo contrario. Se quedaron con el balón y acogotaron al Málaga en su territorio. Faltaba concretar pero la presencia de Tasende y Cuenca, más la aportación de Tachi con sus desplazamientos diagonales propiciaron que el partido pintase de cara. Fue precisamente el madrileño el que le filtró un magnífico pase a Dani Gómez, que acababa de entrar, que el delantero no convirtió gracias a una magnífica parada de Alfonso. Habría sido un gol precioso.
El partido estaba roto. El Zaragoza armó a sus huestes y las lanzó al ataque. Eso faciilitó que el Málaga molestase a Andrada, pero sin obtener fruto. Quien sí lo consigió fue el equipo de Sellés. Recio sujetó con todo a Insua en el área pequeña y el árbitro, muy cerca, pitó penalty. El balón se lo quedó Dani Gómez. No hubo discusión. Era suyo. Lo dijo después: “Si estoy en el campo, lo tiro yo”. Y así fue. El empate subió al marcador y el zaragocismo respiró hondo, muy hondo.
El partido paracía cerrado, pero aún tuvo el Málaga dos ocasiones, De amortiguarlas se encargó Andrada. Y de desordenar las emociones del Málaga y sus seguidores, también. Con un par de acciones de esas de arquero argentino que se las sabe todas, perdió tiempo, todo el tiempo del mundo. Le valió una amarilla, la quinta, y también le convirtió en el protagonista del tumulto que se generó tras el pitido final. Es, dicen, el otro fútbol. El que, ayer sí, jugó el Real Zaragoza.
Málaga CF:
Herrero; Puga (Gabilondo, 83′), Recio, Galilea, Víctor García; Izan Merino, Dotor (Ochoa, 83′), Dani Lorenzo (Rafa, 66′); Larrubia, Joaquín (Lobete, 73′), Niño (Chupe, 73′).
Real Zaragoza:
Andrada; Aguirregabiria, Insua, Radovanović (Tachi, 54′), Pomares (Tasende, 65′); Raúl Guti, Keidi Bare, Francho; Valery (Cuenca, 65′), M. Soberón (Toni Moya, 76′), Kodro (Dani Gómez, 76′).
Goles:
Galilea (M.17, 1-0). Dani Gómez (M.90, 1-1).
Árbitro:
Sr Cid Camacho. Amonestó a Víctor García, Einar, Lobete, Recio y Dotor por parte local y a Insua, Pomares, Tachi, Andrada y Bakis (roja directa) por parte visitante.
Andrada: 4. Tuvo varias paradas decisivas y manejó la melodía del partido.
Aguirregabiria: 3. Su carril fue un sendero amable para Joaquín. Mejoró después.
Insua: 2. Lento ante los velocistas malagueños.
Rado: 1. No era el tipo de deffnsa para una delantera de vuelo ágil.
Pomares: 2. Sufrió a su espalda y le faltó velocidad.
Keidi Bare: 5. Hizo de todo y todo muy bien. Gran centrocampista ayer.
Guti: 4. Consistente y concienzudo. Ahora y así, sí.
Francho: 4. Estuvo en todas y a todas llegó. Incombustible.
Valery: 3. Ahora mismo, importante. Puede ser imprescindible.
Soberón: 3. Sigue ganando enteros en esa posición.
Kodro: 2. El área no fue ayer territorio amigo. Le faltó remate.
Tachi: 4. Gran partido. Magistral en el corte y muy fino en las iagonales.
Cuenca: 3. Fue un volca´n en el ataque. Desbordó y desequilibró.
Tasende: 3. Le dio solidez a la banda y abundó en ataque.
Dani Gómez: 3. Agitó las aguas malagueñas. Y goleó.
Toni Moya: 3. Buen gestor, buen gobernante.
por arrúa 10 (Real Zaragoza, Aire Azul)
@japbello