El Real Zaragoza está viviendo un momento dramático. Roto deportivamente, destrozado institucionalmente, desintegrado socialmente, aislado informativamente es muy difícil que llegue el más mísero rayo de luz al maltratado escudo del club, por lo que la sensación de peligro ya se ha apoderado de todo el zaragocismo.
Con un calendario próximo absolutamente imposible, nuestro equipo es ahora mismo un juguete roto en manos de un destino despiadado que anuncia muerte, miseria y fuego infernal. Nadie cree en los jugadores, nadie cree en el cuerpo técnico y, por supuesto, absolutamente nadie cree en un propietario completamente abatido por la Historia e incapaz de dirigir un club que, en sus manos, camina hacia el vacío.
Y todo ello en medio de una confusión extraordinaria en la que nos movemos todos los que amamos este club, estos colores que han sido nuestra vida y pueden dejar de latir si no ponemos remedio. Es cierto que los medios de comunicación, los pequeños accionistas, los abonados, las peñas o, en fin, los aficionados no podemos decidir, pero sí podemos decir. Y hay que empezar a manifestarse inmediatamente. Hay que comenzar a articular un movimiento que active la conciencia del zaragocismo y que sirva para decirle al mundo que sí, que este club tiene un dueño, pero tiene miles de propietarios.
El dueño tiene acciones, pero los propietarios, los miles de propietarios que llevamos al león en el corazón, tenemos derecho a que el Real Zaragoza esté dirigido por alguien sabio en el quehacer diario, arropado por un equipo sólido, apoyado por una sociedad que crea en él, sustentado en zaragocistas de alma y piel, capaz de escuchar opiniones constructivas y dispuesto a aceptar la colaboración de un entorno favorable y preparado para hacer del esfuerzo común una seña de identidad. Y ese alguien, desde luego, no es Agapito Iglesias García, un hombre cuyo tiempo ya pasó y que debe abandonar este club pues ha demostrado que no es capaz de dirigirlo adecuadamente.
Por Arrúa10.
Comentarios