Burgos CF 1 – 1 Real Zaragoza | Crónica

Burgos CF 1 – 1 Real Zaragoza | Crónica

Habría sido un palo

El trallazo de Bakis vale su velocidad y potencia en oro. Un disparo de los que lo identificaban, de esos que nos regaló los primeros partidos de zaragocista aunque no encontraron puerta, fue la señal para seguir creyendo. En un partido en el que el Real Zaragoza mostró su personalidad forjada a base de trabajo y criterio, Sellés volvió a mostrar el camino. Si con estos jugadores el equipo es capaz de empatar en el difícil El Plantío contando con el diseño y la idea del valenciano, tal vez cuando mejoremos algunas piezas tengamos más posibilidades de cerrar partidos como el de ayer.

Porque hubo argumentos, pero a todos ellos les faltó un final feliz. Hasta en tres ocasiones escupió la madera burgalesa los picotazos zaragocistas, lo que da una idea de lo que le falta a este equipo. Y solo hizo falta una aproximación castellana para romper la defensa avispa (ayer tocaba uniforme de respeto).

El Burgos es un equipo made in Ramis. Juega tú, quédate el balón que cuando te la quite, te haré daño. Muy bien en defensa y rapidísimo en el despliegue ofensivo. Buenas armas si tus chicos saben emplearlas. Y estos saben. Y lo hacen muy bien. El Zaragoza manejaba el cuero, lo movía con salero, incuso lo hacía bonito, pero no encontraba la forma de finalizar. Mucho toque, minutos de posesión. ¿Todo para qué? Para poco. En una incursión por la banda derecha zaragocista, el balón llegó franco al extremo para que este, con un pase de esos hacia atrás, de los de toda la vida, encontrase a David González. Su remate, raso, curvadico y cerca del poste sirvió para el 1-0 del Burgos. Con qué poquico, la verdad.

El Zaragoza echaba de menos la rasmia de Francho, suplido ayer por Marcos Cuenca. Pero sobre todo extrañaba la finura en el remate, la listeza cuando lo que corresponde es poner en apuros a los defensas y al portero rivales. Si además enfrente hay un equipo que hace muy bien lo que sabe hacer bien, pues más difícil es todo. El Burgos, ya lo sabemos todos, es consistente, sólido, rudo. Muy castellano, es decir. Y sabe cómo hacer daño. Su aparente debilidad, dejarse hacer, es en realidad su fortaleza.

Aun así, el Zaragoza no rebló y consiguió desordenar en varias ocasiones a su rival, algo nada sencillo y que muy pocos consiguen. En esa tesitura se acercó al área de Cantero en algunas ocasiones. Y de todas ellas rescatamos tres. LA primer, un chut de Kodro desde el borde del área que dibujó una extraña parábola y logró preocupar al portero de casa, que tuvo que emplearse a fondo. Poco después Soberón no llegó por centímetros a un centro de Valery y la mejor, la del gironés. Su remate cerca de la portería se estrelló en la cruceta rival. Habría sido un gol precioso.

En el caso del Zaragoza, Andrada nos mostró una inquietante aunque excitante forma de estar en el mundo. Sus controles con los pies, siempre al borde de un ataque de nervios, sirvieron para que el equipo rompiera líneas con elegancia y el juego discurriese fluido a la hora de avanzar. Una maravilla; un sofocón. Lástima ese gol ya relatado que llegó cuando el equipo de Sellés mejores vibraciones nos regalaba. Bien es cierto que ese flanco, sin Aguirregaviria ni Francho flaquea y es un agujero negro que los rivales ya se saben y por él golpean sin piedad. Un asunto a resolver en enero.

Tras el descanso no hubo variaciones. Si acaso que la entrada del Burgos al partido fue tan arisca como la nieve y el viento que azotaban El Plantío en esos momentos. Andrada y la falta de puntería evitaron que el 2-0 se diese en el marcador de casa. Por el contrario, el Zaragoza se activó muy pronto y cogió las llaves del partido. Este equipo es lo que tiene: decisión, amor propio y una idea de juego. Unas señas de identidad que merecen que algún puesto se mejore en el mercado de invierno, pues el fútbol es un deporte de ejecutores, no solo de elaboradores.

Una nueva ocasión aragonesa se dio a la salida de un córner. El balón se elevó con picardía y ahí apareció la cabeza de Juan Sebastián, que dirigió el remate hacia el palo contrario a donde se encontraba Vantero. La madera, de nuevo la madera, evitó el gol. El partido estaba vivo. Muy vivo. La prueba fue un chut de Curro que Andrada se encargó de apagar con una buena estirada.

Era el momento de modificar cosas y Rubén Sellés eligió a Toni Moya y Dani Gómez para sentar a Cuenca y Kodro. No fue solo un cambio de jugadores, sino que el equipo modificó su disposición. Moya ocupó ese lugar de media punta que el míster ha creado para él, propiciando que Dani Gómez tuviese espacios para moverse y movilizar el ataque zaragocista.

A los pocos minutos de nuevo el poste se encargó de apagar el fuego. Tasende centró una falta lateral y Soberón remató. El balón, por tercera vez en la tarde, se abrazó al palo de Cantero. Demasiado infortunio. El Zaragoza no estaba recogiendo el fruto de sus méritos. Con ser un equipo limitado, su esfuerzo, buen hacer y determinación no encontraban recompensa. El fútbol no estaba siendo justo.

Con unos veinte minutos por delante entró Moyano al campo. Sellés lo tenía claro. Había que seguir intentándolo, sin abandonar la idea central y sin dejarse arrastrar por el infortunio. Había riesgos que el técnico valenciano estaba dispuesto a asumir, sobre todo teniendo en cuenta que Ramis puso en liza a Mollejo y Mario González. No había miedo. El Burgos se resguardó y reforzó su retaguardia. Las intenciones de los dos entrenadores se pusieron de manifiesto cuando Ramis colocó a otro defensa central encima de su muralla y Sellés tiró de querencia y utilizó a Bakis, pidiéndole lo imposible.

El Zaragoza es, hoy, un equipo que compite y lo hace como hacía muchísimo tiempo que no hacía. No hay revés que lo tumbe ni dificultad que lo amortigüe. Es un solo corazón y late a la vez. Le falta la calidad que necesitaría para ganar con solvencia, pero es muy nítida su vocación. Eso se demostró a lo largo de todo el partido pero se plasmó con la belleza de un rugido cuando Bakis, el delantero estéril dos años y medio después de su llegada a las orillas del Ebro, engarzó en la sortija del partido una delicada zultanita turca que cruzó la noche burgalesa para estallar en la red de Cantero. Un golazo que vale una temporada.

Así es el fútbol. Un deporte que no arregla los males de la humanidad pero contribuye a que una afición, una ciudad, un país duerma con una confortable sensación de bienestar si los suyos, los de negro y amarillo ayer, logran cruzar la línea de la esperanza.

Ficha técnica

Burgos CF:
Cantero; Lizancos, A. Córdoba, Grego S., Miguel; Morante, Marcelo, David González (Del Cerro, 86′), I. Córdoba (Mario, 74′); Curro (Fermín, 86′), F. Niño (Mollejo, 74′).

Real Zaragoza:
Andrada; J. Sebastián, Insua, Tachi (Saidu, 86′), Tasende; Keidi Bare, Raúl Guti; Cuenca (Toni Moya, 66′), Valery (Sebas Moyano, 79′), M. Soberón (S. Bakis, 86′); Kodro (Dani Gómez, 66′).

Goles:
David González (M.37, 1-0). S. Bakis (M.90, 1-1).

Árbitro:
Sr. Daniel Palencia. Amonestó a Fer Niño por parte local y a Tachi, Andrada e Insua por parte visitante.

Puntuaciones

Andrada: 5. El portero dibujó un escenario imposible. Parando y creando.
Juan Sebastián: 1. Afrontó su tarea con mucha dificultad. No conectó.
Insua: 2. Bien posicionado, amortiguó a Niño.
Tachi: 3. Muy correcto en todas las facetas.
Tasende: 3. Tiene problemas defensivos, pero agita el ataque.
Guti: 4. Buen trabajo, denso y eficaz.
Keidi Bare: 3. Muy trabajador, le faltó concreción en el juego.
Cuenca: 2. Algo falto de ritmo, lo luchó todo.
Valery: 3. Cada día más seguro, encara y rompe. Cerca del gol.
Soberón: 2. Mostró cierta irregularidad, con gestos interesantes.
Kodro: 1. Trabajó en los vínculos, pero lejos del área. Lo mejor, su chut.
Dani Gómez: 3. Es el rey de los espacios. Dinámico y útil.
Moyano: 2. Cumplió con su papel de apoyo al ataque.
Saidu: 2. Hizo lo que se le pidió en contención y lo hizo bien.
Bakis: 4. Su gran gol lo justifica todo.

por arrúa 10 (Real Zaragoza, Aire Azul)
@japbello

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