En 1986 los legendarios “El último de la fila” publicaron un extraordinario LP. Lo
titularon “Enemigos de lo ajeno” y en él incluyeron, entre otros, un tema al que
titularon “Las palabras son cansancio”. ¿Voy bien?
El Real Zaragoza jugó ayer un terrorífico partido que acabó con el desastroso
resultado de 0-5. En casa, ante su gente, contra un equipo casi tan malo como
él, los de Emilio Larraz murieron desgarrados por mil cuchillos fabricados en su
propia casa. Fue, es verdad, una tarde de dolor y ninguna gloria.
Hoy, cuando el vendaval de la ignominia ya se nos ha comido a todos, puedo
decir que el equipo aragonés cayó derrotado ante sí mismo. Porque el peor
rival del Zaragoza es el Zaragoza. Su enemigo más implacable es él mismo. Y
su más despiadado verdugo, al mismo tiempo.
Acudió el entrenador zaragozano con la ilusión de hacer historia después de
una semana en la que su nombre encendió alguna luz de esperanza. Afrontó el
choque con una alineación reconocible, aunque con algunos cambios: el
esperado de Juan Sebastián, Rado por Tachi y Bazdar por Cuenca. Lo demás,
parecido.
Empezó el partido y la parroquia blanquilla en seguida comprobó que los chicos
no traían ni brío ni energía. Ante un rival escaso de calidad, no supieron aportar
ni medio gramo de fútbol, lo que llevó a entregarle el balón a los leoneses. Los
de Ziganda sí traían aprendida la lección de la combinación, la conducción y el
desborde.
La tarde en seguida se hizo larga y cuando llevábamos algo más de media
hora de no juego Juan Sebastián provocó un penalty. El VAR certificó que
sería, al final, la espoleta que activase la bomba nuclear que acabó con casi
todo. La consiguiente tarjeta roja destrozó el plan de Larraz y los siguientes
minutos solo sirvieron para firmar el documento de defunción del equipo del
Ebro.
El Zaragoza no había ofrecido ni medio gramo de buen ánimo. Solo una acción
de Bazdar que desbarató el amigo Badía. Nada más. Por el contrario, “la Cultu”
ensució la herida de los de casa con un segundo gol consecuencia de un
magistral chut de falta directa a cargo de Chacón. Andrada, flojico.
Un repaso a la actuación del grupo y a las acciones de cada uno de los
jugadores nos da un suspenso. El equipo no encontró ni un solo camino de
sensatez futbolística. Su endeblez defensiva y su inoperancia ofensiva solo se
vio superada por su escasez en el centro del campo. Uno a uno, no
encontramos futbolista que nos dé una razón para el elogio. Al revés, ninguno
superó la línea azul del trabajo correctamente hecho.
Los dos goles apagaron la mínima llama de la recuperación, si es que llegó a
brillar, pero es que el puñetazo de Paul a la pantalla del VAR cuando se
retiraban a la caseta acabó por borrar cualquier discurso de empeño en
recuperar el terreno perdido. El marfileño fue expulsado por romper el artefacto,
noticia que el vestuario recibió cuando se aprestaban a saltar al césped. Otro
golpe al estómago del grupo del que ya no se recuperaría. Paul, torpecico.
Larraz hizo tres cambios en el descanso. Llamó a Tasende, Moya y
Aguirregabiria para suplir a Moyano, Pomares y Dani Gómez. Aire fresco pero
ninguna confianza en remontar un río salvaje que estaba arrasando al
Zaragoza y al zaragocismo. No había ni un solo argumento para esperar que el
partido diese un vuelco. Antes al contrario: la Cultural logró el 0-3 casi sin
querer. Era el minuto 51 y el autor, otra vez Justo.
El partido era un castigo en esencia. Aunque no lo pretendiera el equipo leonés
se llevaba por delante el alma del león ribereño. Era imposible no llegar al área
de Andrada. No era posible no generar ocasiones. Porque ellos eran más y
porque los chicos de Larraz eran menos de los menos que ya eran. El 0-4 salió
de las botas de Calero, que aquí era lo que era y allí es lo que es. Un esquema
que se repite con demasiada frecuencia. Su centro lo remató inmisericorde
Cortés.
Andrada se hartaba de recoger balones de la red y aún le daba para detener
algún disparo complaciente por parte de los visitantes. Era como cuando en el
colegio los buenos nos daban un baño a los malos y al final se dejaban meter
alguno. Lo que no pudo evitar fue el 0-5, uno de esos golicos que te marcan
cuando ya no puedes más. Y fue de nuevo Cortés, ahora tras pase de Chacón
que fue sin duda el mejor de la noche.
La noche clavaba sus puñales de oprobio en el corazón zaragocista. Casi
quince minutos antes del final unos cientos de aficionados abandonaron el
Ibercaja Estadio, agotados de esperar el fin (¡mira, otro buen tema!). El resto
del cuerpo hincha zaragocista bebió la cicuta de la humillación como pudo.
Porque lo que se vivió anoche en el metálico estadio zaragozano fue la crónica
de una muerte denunciada, aunque al parecer, no anunciada para algunos.
Denunciada por quienes no tienen voz. Denunciada por quienes escribimos
semana tras semana desde la libertad de nuestro amor al club de nuestros
amores. Denunciada por el silencio de quienes no tenemos información y se
nos oculta la verdad, seguramente porque da vergüenza.
¡Pobre Zaragoza! Pobre club, pobre ciudad, pobre sociedad zaragozana. Solo
cuando los que pueden hacer sean conscientes de la realidad, para los que no
podemos hacer será posible soñar con la vida. Y termino como he empezado:
el Real Zaragoza vive amenazado por él mismo. Tiene al enemigo en casa.
Mejor: él es su propio enemigo.
Real Zaragoza 0: Andrada; Juan Sebastián, Insúa, Radovanovic, Pomáres (Tasende, min.46); Francho, Guti (Saidu, min.62), Akouokou, Sebas Moyano (Aguirregabiria, min.46); Bazdar (Soberón, min.75) y Dani Gómez (Toni Moya, min.46).
Cultural Leonesa 5: Edgar Badía; Iván Calero, Rodri Suárez (Fornos, min.83), Barzic, Hinojo; Sobrino (Ribeiro, min.62), Thiago Ojeda, Bicho (Maestre, min.83), Chacón; Selu Diallo (Collado, min.72) y Manu Justo (Cortés, min.72).
Goles: 0-1. Min.40, Manu Justo, de penalti; 0-2. Min.48, Luis Chacón; 0-3. Min.52, Manu Justo; 0-4. Min.74, Cortés; 0-5. Min.86, Cortés.
Árbitro: Dámaso Arcediano. Amonestó a Pomares, Insúa, Andrada y Akouokou por el Real Zaragoza, y a Sobrino y Rodri Suárez por la Cultural Leonesa. Expulsó con tarjeta roja directa a Juan Sebastián y a Akouokou.
Andrada: 1. Cinco goles no ocultan alguna parada.
Juan Sebastián: 0. Desordenado y torpe en el penalty.
Insua: 1. Evitó un gol pero perdió solidez.
Rado: 1. Alborotado e irascible.
Pomares: 0. Ineficaz y apagado.Guti: 0. No está para nada.
Francho: 1. Algo intentó, pero no sabía dónde estaba.
Paul: 0. Ausente y desnortado.
Bazdar: 1. Trotón y poco concreto.
Dani Gómez: 0. Revoloteó sin destino conocido.
Tasende: 0. Flaqueó en defensa y no estuvo en ataque.
Moya: 1. Sin sustancia ni gobierno.
Aguirregabiria: 1. Fuera de ritmo.
Saidu: 1. Buscó, pero fue irrelevante.
Soberón: S. C.
por arrúa 10 (Real Zaragoza, Aire Azul)
@japbello