Podemos empezar esta crónica diciendo que antes de nacer, el partido entre el Real Zaragoza y el Almería ya había muerto. Lo escribo porque a lo largo de la semana no encontré a nadie que quisiera hablar de ello. Ese era el grado de certeza del zaragocismo ante la dificultad de la empresa. Lamentablemente, no hizo falta acudir a ningún augur para que vaticinara lo que podía suceder. Los indicios eran determinantes y acabaron por confirmar el desastre: derrota inapelable y caída al pozo de la última posición. Ni en el peor de los sueños.
Almería ha acabado siendo la tumba de Gabi. Como lo fue de MAR. Fue un partido triste en el que los jugadores “avispas” se mostraron como apagados fulgores de una idea futbolística pobre. El equipo aragonés jugó una primera parte reservona, con un planteamiento timorato en el que lució por su novedad la presencia de Keidi y Moya en lugar de Paul, sancionado, y Saidu, enfermo. Todo ello con el propósito de armar una centro del campo sólido, pero las piezas no fueron bien elegidas.
La primera parte fue un lienzo donde brillaron las pinceladas blancas y rojas. El equipo del Ebro sufrió mucho ante la versatilidad de los jugadores indálicos. Sus combinaciones, su energía bien encauzada provocaba situaciones de peligro que solo Andrada, en estado de gracia, supo anular.
En cada movimiento sugerido, en cada dinámica propuesta el Almería lograba salir vencedor. La hoja de ruta escrita en papel carbón por el suspendido Gabi no se cumplimentaba en ningún caso. Cuando el Zaragoza se hacía con el balón tras un robo afortunado la opción Dani Gómez se deshacía como un castillo de arena en la orilla del mar. Tampoco importaba, porque se trataba de amortiguar las embestidas locales e impedir que hubiese circulación.
Se vieron algunos gestos de voluntad ofensiva, pero cuando se recuperaba el cuero la distancia hasta el arco de Andrés Fernández era desmesurada. Ahí acababa el atrevimiento. Ahí se hundía la frágil nabata en que se ha convertido el equipo zaragcista.
Transitar por territorios tan frágiles conlleva muchos riesgos. El Zaragoza los corrió y afortunadamente contó con el buen trabajo de Andrada, que evitó más de un gol con sus paradas. También erró en algún despeje pero en el cómputo global su aportación es de mérito y de ello darán fe Melamed, Embarba y hasta Leo Baptistao, el siempre eficaz delantero del equipo andaluz.
Irse al descanso con un 0-0 era un trofeo mayor para lo que había lucido el trabajo. La hinchada aragonesa no las tenía todas consigo e imagino a los zaragocistas sujetándose el cubata unos a otros mientras la charanga de la peña arreciaba con sus sones. Al mal partido, paso vaquillero.Final del formulario
Nada más comenzar la segunda parte, tras comprobar que Gabi había cambiado a Dani Gómez por Kodro, comenzó a arder el infierno. No habían pasado ni cuatro minutos cuando el plan recibió un golpe inapelable. Una jugada impensable cuando tu equipo maneja los registros defensivos adecuadamente dio con el cuero en la red de Andrada. Chirino navegó en aguas amigas, sorteando rivales con leves movimientos de cadera y asestó un chut inapelable que se convirtió en el 1-0.
A ese crochet en la mandíbula de cristal del Zaragoza le siguió otro derechazo, ahora gracias a las botas de Embarba. La lentitud de sus centrales se manifestó de un modo cruel y el segundo gol cerró, momentáneamente, la puerta de la esperanza de lograr algo positivo en el Almería Stadium.
Fue ese segundo gol la señal que alentó a los chicos de Gabi a intentar cosas diferentes. Jugar a contener y enviar balones largos para que los recoja nadie ya no era un opción. Como si un chispazo hubiese activado las ganas de jugar al fútbol, las bandas recibieron juego y los delanteros se atrevieron a rematar. Así lo hizo Kodro, al que respondió Andrés. Incluso Tachi se avino a intentarlo, cabeceando un centro de Cuenca.
Reaccionó Gabi agitando las aguas y poniendo en el verde a Pau Sans y a Soberón por Moya y Cuenca. Después a Valery por Tasende y por último, a Pinilla por Moyano. Fue precisamente el zagal el que propició el 2-1. Un balón que recibió al borde del área lo escupió con el alma con un disparo eléctrico que Andrés no pudo blocar. Allí apareció Kodro que remató a la red como un buen cazagoles, encendiendo la tímida llama de la ilusión.
En esos momentos los avispas parecieron creer en sí mismos. Pau Sans la tuvo poco después, pero su remate le nació torcido. Fueron unos minutos de cierzo desatado, suave pero cierzo al fin. También por parte del Almería, que pudo ampliar su ventaja a cargo de Embarba pero su remate franco se encontró con el larguero. Después otra vez Pau y más tarde de nuevo Andrada, que detuvo un balón muy difícil. Estaba claro que era un partido para matadores. Y ahí, tristemente, el Almería es mejor. Nos lo recordó Puigmal cuando recogió un gran pase de Arribas y batió al arquero del león.
Era una pequeña locura que, aún siéndolo, nos permitió soñar. Más cuando Soberón, escondido por Gabi en el baúl del olvido, cazó un centro de Francho tras buena combinación con Pau. El 3-2 parecía sonreir aunque no se tuvieran argumentos y mucho menos defensivos, pues el equipo ya andaba volcado en la búsqueda del empate. Esta decisión hizo posible que Lopy hiciese como los buenos del colegio, que se regateaban a todos y metían gol aunque no quisieran. Fue un 4-2 sangrante y con cara de prólogo de horas fatídicas en el seno del club aragonés. La solución final ya la conocemos. Un año más, como cada mes de octubre, la crisis ha llamado con los nudillos del fracaso a la puerta del zaragocismo.
UD Almería:
Andrés; Chirino (Luna, 70′), Nélson Monte, Bonini, Muñoz (Centelles, 46′); Baba, Guedes (Lopy, 64′), Arribas; Embarba, Nico Melamed (Puigmal, 74′), Baptistâo (Thalys, 64′).
Real Zaragoza:
Andrada; Francho, Insua, Tachi, Tasende (Valery, 70′), Keidi Bare, Toni Moya (M. Soberón, 62′), Raúl Guti; Sebas Moyano (Pinilla, 78′), Cuenca (Pau Sans, 62′), Dani Gómez (Kodro, 46′).
Goles:
Chirino (M. 49, 1-0). Embarba (M.51, 2-0). Kodro (M.78, 2-1). Puigmal (M.90, 3-1). M. Soberón (M.90, 3-2). Lopy (M.90, 4-2).
Árbitro:
Sr. Lluís Bestard. Amonestó a Muñoz y Centelles por parte local y a Raúl Guti y Toni Moya por parte visitante.
Andrada: 4. Buenas paradas y equilibrio en el arco.
Francho: 3. Buen trabajo en defensa. Recuperó el pulso ofensivo.
Insua: 1. Embarba lo descosió. Frágil en velocidad.
Tachi: 2. Estuvo correcto. Sufrió pero dio la cara.
Tasende: 1. Mostró déficit defensivo. Poca presencia en ataque.
Keidi: 0. Cometió varios errores fatales. Uno de ellos en el segundo gol.
Guti: 1. Sin Paul ni Saidu se pierde en esfuerzos vanos.
Toni Moya: 1. Desubicado y poco partícipe.
Cuenca: 2. Bien cuando se aproximó al área. Demasiado esfuerzo defensivo.
Moyano: 1. Rinde más y mejor de enganche. Cuando se va a la banda, pierde.
Dani Gómez: 1. Muy aislado del mundo, acaba desfondado y sin objetivos.
Kodro: 3. Bien en su hábitat natural: el área. Remató y goleó.
Pau Sans: 2. Su presencia en la cal es necesaria. Agudo e incisivo.
Soberón: 3. Volvió y dejó su sello. Goleó.
Valery: 2. Acertado en sus acciones y fértil en su actividad.
Pinilla: 3. Salió y provocó un gol. Atrevido, osado, natural.
por arrúa 10 (Real Zaragoza, Aire Azul)
@japbello