Por Raúl Garcés Redondo
Doce menos cinco de la noche del último día de Enero. Apenas quedan unos minutos para que finalice el plazo autorizado de fichajes. Varios periodistas aguardan, ateridos de frío, ante las oficinas del Real Zaragoza en la calle Eduardo Ibarra.
Todavía hay luz en el interior – retransmite uno de ellos en directo para una emisora de radio – ¡Atención compañeros! En este mismo instante se abren las puertas. Nos acercamos para recoger las primeras declaraciones del Club:
Si me hacen el favor de apartarse que voy con el pozal de agua sucia… – exclama la señora de la limpieza.
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